| La "arquitortura" nos amenaza |
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Entrevista a Carlos Requejo en "La Contra" Gas Natural, la Caixa, el SEM, Agbar... La lista de edificios enfermos es cada día más larga y las enfermedades asociadas también. Porque la lipoatrofia que ahora aparece vinculada a esos edificios sólo es la punta del iceberg. - No me asuste. La contaminación electromagnética que afecta a los más electrosensibles provoca esa disminución de grasa en las pantorrillas, sobre todo de las señoras, pero es que nuestro cerebro también es grasa al cien por cien. - ¿Y también le afecta? Ya hay investigadores que han establecido relaciones de causa-efecto entre esa contaminación y patologías neurológicas muy diversas desde una simple jaqueca al alzheimer. Con el tiempo, las iremos documentando con exactitud. - ¿Por qué surgen ahora? Porque. además de las contaminaciones electromagnéticas, sufrimos una auténtica invasión wireless que nos han vendido como inocua para los humanos cuando en realidad nos afecta. Ya no son sólo los móviles, sino las conexiones ADSL sin cables, las redes wi-fi, además de toda la contaminación electromagnética que ya padecíamos. Esa contaminación se intensifica en el interior de esos edificios más modernos. - Deberían ser los más habitables. Pues son auténticas jaulas que hoy proliferan concebidas para imitar al Guggenheim, que, por cierto, también es inhabitable: edificios herméticos de metal y vidrio de forma arriesgada y muy tecnificados concebidos por arquitectos más pendientes del impacto de una estética facilona que de su habitabilidad. - En teoría, estaba todo estudiado. Han sacrificado el sentido común a las formas imperantes en Singapur o Chicago, cuando nosotros estamos en el Mediterráneo. Los trabajadores de esos edificios ultramodernos sin ventanas, sin tabiques, sufren esa arquitortura que nos amenaza a todos y, al final, afecta a la salud. - Y ahora: el aire acondicionado. El problema no es el aire acondicionado, sino que suele estar mal acondicionado. Mi equipo y yo hemos realizado decenas de mediciones y es raro encontraraires que cumplan los criterios saludables de frescor, humedad, renovación y calidad. Por no hablar de la energía derrochada por falta de previsión arquitectónica, cuando la arquitectura tradicional, desde los romanos, tenía sistemas de refrigeración mucho más eficaces y, desde luego, menos costosos. - Por ejemplo. ¡Qué decirle de las torres con estanques de la Alhambra! El aire entraba por las torres y corría por las láminas de agua de los estanques para refrigerarse de forma natural. Hay otros sistemas de refrescar, como el efecto chimenea, la mina de agua o el mero aislamiento. - O las viejas casas de piedra. ¡De una masa tan necesaria! En estos edificios ultramodernos de cristal sin muros falta masa. Esa masa tiene inercia homeotérmica que hoy se sustituye a costa de ingentes gastos energéticos para refrigerar o calentar. La falta de masa, además, hace que sus ocupantes sufran la agresión de toda la contaminación electromagnética sin tomas de tierra. Y a veces con una devastadora moqueta acrílica. - Pues cada vez hay más artilugios en el interior de los edificios. Y fuera. Estamos creando ciudades donde vivimos perpetuamente bajo un ruido electrónico de fondo electromagnético que incide sobre nuestro sistema nervioso. - ¿Se nota? Somos sensibles a lo invisible y también a lo inaudible, pero cada vez más hay ciudadanos que sufren este ruido en forma de zumbidos acúfenos o tinnitus. Hoy no es posible encontrar un espacio libre de emisiones radioeléctricas, y en aviones y hospitales preocupa la interferencia de la telefonía con equipos médicos y de navegación. - Podemos refugiarnos en casa. Ni eso. Vivimos rodeados de campos eléctricos desagradables. Caminamos sobre el asfalto, que es dieléctrico, además de despedir partículas volátiles tóxicas, y compartimos espacio con electrodomésticos que emiten radiaciones, teléfonos móviles y, ahora, tecnología wireless. - Todo un universo de malestar. Y disconfort. Por intereses miopes, nos cuelan como progreso lo que no es sino retroceso en calidad de vida. - ¿Alguna buena noticia? - ¡Sí! Podemos recuperar el sentido común con arquitectura mediterránea y soluciones naturales, evitando tecnología innecesaria y habilitando la necesaria para que no nos perjudique. La naturaleza y el sentido común tienen soluciones que la soberbia tecnológica y el despilfarro nos han hecho olvidar. ´Domoterapeuta´Carlos Requejo Tengo 59 años y cada vez amo más la naturaleza. Nací en Oviedo. Soy ecologista de pensamiento, sentimiento y acción. Creo en una realidad superior. Divorciado, tengo tres hijos. Soy arquitecto interiorista y ´domoterapeuta´: especialista en edificios enfermos. Aprendí ´domobiótica´ para poder ayudar a mi hija asmática y sensible a la contaminación electromagnética Sartén invisible Requejo me habla del pastor que se fijaba
dónde se dormía su perro para apartarlo y ponerse a dormir
él, porque los animales - al menos los de antes, los de campo-
sabían encontrar el lugar ´geoóptimo´. Lo mismo
hacían los benedictinos, cuyos novicios dormían cada día
en un rincón del convento hasta que tenían dulces sueños.
Es decir, hasta que también encontraban ese punto ´geoóptimo´.
Pero tras oírle denunciar cómo hemos construido un mundo
esclavo de la apariencia y del derroche y muy alejado del sentido común
de la naturaleza, que es el mayor confort al que podemos aspirar, yo me
conformaría con poder dormir y trabajar sin freír mis neuronas
en la sartén invisible de las ondas de los móviles, antenas,
routers, bluetooth... |
| La Vanguardia - 29/04/2007 |